Turismo Sexual Infantil

El turismo sexual infantil es una forma de explotación sexual comercial que crece rápidamente en todo el mundo y, principalmente, en los países menos favorecidos; debido a factores como el incremento del número de viajes de personas por todo el mundo, el aumento de las diferencias entre pobres y ricos o el fácil acceso a determinado tipo de información sobre lugares de destino y pornografía infantil.

Muchas personas aprovechan las facilidades de los desplazamientos a otros países para realizar este tipo de prácticas. El anonimato, la gran disponibilidad de niños y niñas o el estar lejos de sus países de origen y de las convenciones morales que normalmente regulan sus conductas, pueden hacer que un simple turista se convierta en un abusador en un país extranjero.

La mayoría de estos explotadores actúan de manera ocasional, lo que a menudo dificulta que puedan ser detenidos. Además, a medida que se realizan avances en prevención y protección en un determinado país, los explotadores suelen elegir un territorio vecino como destino preferente. Un ejemplo de esto es Tailandia, destino tradicional de turismo sexual infantil que, en los últimos años, ha comenzado a ser sustituido por la vecina Camboya.

Es muy importante combatir este problema atacándolo desde la raíz: sensibilizando a la sociedad y concienciando a todos aquellos agentes que pueden tener algo que decir o hacer en la resolución de este delito.

La explotación sexual es una de las peores formas de esclavitud contemporáneas y constituye una grave violación de los derechos fundamentales de la infancia. A pesar de que es muy difícil obtener estadísticas fiables sobre la explotación sexual infantil, se habla de cifras realmente sobrecogedoras.

Según los últimos datos ofrecidos por UNICEF, hasta dos millones de niños y niñas son explotados sexualmente cada año, en lo que representa un negocio millonario vinculado a redes de delincuencia y corrupción, que genera más de 10.000 millones de euros anuales.

La pobreza de los países en vías de desarrollo, la vulnerabilidad de sus estructuras sociales y políticas, los conflictos armados, la discriminación que sufren determinados colectivos o la presencia de mafias son algunos de los motivos que hacen que miles de niños caigan en las redes de la prostitución. Pero la principal causa es la existencia cada vez mayor de una demanda específica de sexo con menores por parte de las sociedades occidentales.

Pero el problema de la explotación sexual infantil no es exclusivo de países en vías de desarrollo. En Estados Unidos, la primera potencia mundial, la cifra de niños y niñas que han caído en el entramado de la prostitución oscila entre los 100.000 y los 300.000.

Los principales responsables de estos delitos son las mafias que controlan y se benefician de este negocio inmoral, así como aquellas personas que favorecen activamente las condiciones necesarias para que se produzcan. Pero también son responsables los ciudadanos y ciudadanas de los diferentes países del mundo que, a menudo, ignoran o minimizan el impacto del problema, así como algunos Gobiernos y empresas, que prefieren a veces mirar hacia otro lado. Por lo tanto, toda la sociedad somos responsable de que estas prácticas sigan ocurriendo. Sin embargo, no es fácil actuar contra quienes cometen estos delitos, muchas veces, porque los niños no se atreven a denunciarlos, muchos callan por vergüenza o lo hacen creyendo que es su única salida ante una situación de pobreza o abandono familiar; y, otras veces, porque existe corrupción en algunos estamentos de las autoridades locales.

En la actualidad, la legislación española (así como la de la mayoría de países del mundo) castiga a los abusadores independientemente de si el delito ha sido cometido en nuestro país o en el extranjero. Las penas de prisión por agresiones sexuales contra niños oscilan entre los 10 y los 40 años, dependiendo de cada nación, donde la edad de consentimiento para una relación sexual también varía y va desde los 12 años de Filipinas hasta los 18 de algunos Estados australianos.

En todo este empeño es esencial el papel de los líderes de opinión, los medios de comunicación y la industria turística en todas sus facetas. Esta última ha jugado un papel fundamental en la lucha contra la explotación sexual comercial de la infancia, con la creación de grupos de trabajo específicos, la implementación de códigos de conducta, la difusión de vídeos como parte de amplias campañas educativas, impartidas en las escuelas de Turismo, en las empresas y en medios de transporte.